La mar calmada, las olas rompen produciendo un ruido muy acogedor, la arena está suave y fría, la cual provoca una linda sensación en mis pies.
La gente pasea por el puerto marítimo (el cual está perfectamente iluminado), otros pescan (en una noche donde el viento es casi inapreciable y el clima es del todo confortable, ni muy caluroso ni muy fresco)
Mis pies andan como si por nubes caminaran. De repente cierro los ojos. Mi mente viaja mundo perfecto, donde todo lo bonito reluce y lo desagradable desaparece…
Luego abro los ojos y veo una playa donde la arena está cada vez más sucia a mesura que van pasando los años, gente artificial las cuales su única preocupación es aparentar, aparentar aquello que nunca serán.
Obviamente para que exista un matiz tiene que haber una contradicción, y en este caso son los padre e hijos que comparten su tiempo libre, aquellos enamorados que se dan calor mutuamente, deportistas que corren por las húmedas arenas de la orilla de la playa.
Y como no, también están aquellas personas que prefieren andar tranquilamente por la suave arena, observando aquello que les rodea, desde el más mínimo detalle al más grande y visible detalle, observando paisajes tan cuotidianos para el ser humano pero a la vez tan ignorados o despreciados, detalles como el dulce color del agua que le dan las luces del paseo al mar al oscurecer, el romper de las olas contra las grandes y voluminosas rocas que costean el puerto, una bonita puesta de sol (difícil de ver a causa de las grandes construcciones de pisos).
Es por eso que desde aquí quiero hacer un llamamiento a todas las personas:
